MUSEO DE LAS VÍCTIMAS DEL GENOCIDIO, VILNA
Una celda acolchada donde no se escuchen los gritos fuera. Otra donde el agua alcanza más de un metro. La luz dulce al atardecer pasa a través de una jarra de agua que contiene unas hojas de menta. Por el cristal resbalan las gotas que el frío condensa. En otra celda se tiñen el piso y las paredes de sangre. Un disparo, un grito ahogado, un golpe sordo contra el suelo.
El agua guarda la luz.
Los muros, los gritos de los partisanos.
Javier Díaz Gil
19 y 28/06/2026

